dimarts, 29 de gener de 2013

Quiero ser una barbie

¿Donde están los límites de la cirugía estética?

Un poco más de pecho...¿pero cuándo más? Un poco más de Bóxon...¿pero cuándo más? Implante de pectorales para dejar de ir al gimnacio...¿pero qué tamaño? La sirugía estética ya forma parte de la vida de millones de españoles que usan el "retoque" con la misma intención con la que eligen un tipo u otro de ropa: setirse mejor con su físico. En 2011, los españoles nos gastamos 900 millones de euros en alrededor de 300.000 operacíones, entre cirugía mayor y menor. ¿Hasta dónde es bueno meter el bisturí?.
La cirugía del exceso y del fraude ha creado fenómenos como el de la modelo ucraniana Valeria Lukyanova, cuyo sueño logrado ha sido convertirse en una auténtica Barbie humana. No es un caso único. Valeria responde a un movimiento seguido por adelescentes en todo el mundo que quieren parecer muñecas. La precursora fue la estadounidense Dakota Rose, que con solo 16 años revolucionó la red con sus fotos de muñeca de porcelana. Las llaman Barbies humanas. Dicen también que en Hollywood el axceso de Bótox tiene exasperados a los productores, íncapaces de encontrar un rostro que no haya quedado congelado a causa de un abuso en las inyecciones. Los psiquiatras lo llaman trastorno dismórfico corporal, o síndrome del espejo mágico: una necesidad compulsiva, grotesca e imparable de verse diferente. Lukyanova encontró su álter ego en timadores del bisturí, publicistas y, como dice el cirujano valenciano Juan Antonio Mira, "en clínicas sin ética".
Vyara desde la revista "Quo"