dimarts, 23 de desembre de 2014

Qué leer

Dedica Campbell un estudio específico a las bibliotecas de finales del XVII y principios del XVIII. La acumulación de libros impone centros de grandes dimensiones y fulgurante esplendor arquitectónico, donde también se muestra obra pictórica y escultórica. La Biblioteca Joanina de Coimbra(Portugal)ilustra muy bien este período donde las molduras alambicadas, los escudos de armas dorados, los artesonados del techo...todo contribuye al abigarramiento y a subrayar que no se encuentra uno en un lugar cualquiera. Sin salir de Portugal, una blioteca cincuenta años posterior, la del Palacio de Mafra(1771), nos muestra ya un giro estético: es muchísimo más diáfana, con apuntes barrocos pero también moldeados suaves de inspiración clasicista que anuncian la llegada del arte neoclásico. En esta época empiezan a levantarse las primeras grandes bibliotecas norteamericanas. La de la universidad de Virginia nos da el tono de la estetica y elegancia imperantes, con un neoclasicismo limpio, de grandes espacios abiertos y líneas claras. El arte decó deja maravillas como la Biblioteca de Santa Genoveva(París), con una estructura de hierro que recuerda a las grandes estaciones ferroviarias que se construyen en esa época y que dispone de una sala de lectura grandiosa. Casi tanto como la de la Biblioteca Pública de Nueva York(de 1911). En la actualidad es China la que está acometiendo proyectos más atrevidos. Desde la funcional Biblioteca Nacional de Pekín(2008),con su tejado de acero y cristal, a la sorprendente Biblioteca Liyuan(2012),levantada en una zona montañosa al norte de la capital. El edificio de esta singular biblioteca tiene un exterior de varas de madera que se integra perfectamente en el entorno natural; únicamente al cruzar el puente sobre la laguna en la que se refleja se descubre que allí dentro se albergan esos objetos llamados libros que, en diferentes soportes y formatos, llevan más de 5.000 años guardando la memoria y espoleando la imaginación. Gemma