dimarts, 6 de març de 2012

autoestima, un bien básico

No se suele mencionar la autoestima en la lista de bienes básicos imprescindibles para vivir bien.
Entre los biens básicos no figura la autoestima como un logro sin el cual nadie puede aspirar
a ser algo en la vida ni verse con capacidades suficientes para llevar a cabo sus propósitos y
hacer realidad sus sueños.

A lo largo de la historia del pensamiento, algunos filósofos ya consideraron la autoestima como
un valor que debíamos cultivar. No le dieron el nombre de "autoestima",Aristóteles se refirió
a la virtud de magnimidad", literalmente traducible por "grandeza del alma".

Magnánimo era el ser virtuoso, el que poseía las cualidades que el hombre bueno debe adquirir
a lo largo de su existencia-justicia, coraje, templanza y prudencia-.

El hombre bueno, porque ha sido capaz de desarrollar todos esos tributos, puede sentirse
orgulloso de ser como es, una persona buena y virtuosas.

Es importante destacar que, para Aristóteles, la Autoestima deriva de la posesión de la
virtud; es decir, que el orgullo que siente el hombre virtuoso es un orgullo con fundamento moral, es la satisfacción por haber logrado algo que es costoso y que le convierte en un modelo
a seguir.

Sería absurdo, pensaba el filósofo Aristóteles, que el ser virtuoso ocultara el valor de sus
virtudes.
No debe hacerlo, debe estar contento de poseerlas y manifestarlo. Su autocomplacencia es
légitima.
De forma distinta lo vio otro erudito, varios siglos posterior a Aristóteles.

Se trata del filósofo, economista e historiador escocés David Hume, en el SXVIII, el siglo
de la ilustración .
Los tiempos eran muy distintos. En Europa, especialmente en el Reino Unido, había una
democracia incipiente que pretendía acabar con los privilegios de la nobleza y el clero,
reconociéndoles a todos los hombres el derecho de la propiedad.

Ser propietario significaba ser ciudadano de pleno derecho y permitía al sujeto estar orgulloso
de quien era.
La propiedad era la base de la autoestima.

El cambio, desde la época en que vivió Aristóteles, era inmenso. Por una parte, no era el ser
buena persona lo que generaba autoestima, sino el tener propiedades.

Por otra, el derecho a ser propietario y el derecho a la libertad se empezaban a proclamar como
un derecho universal, aunque en la realidad, estaba lejos de serlo.

En el SXX, otro gran filósofo, el estadounidense John Rawls, retomó la idea.

font , mente sana

Anna