dimarts, 25 de juny de 2013

LOS ULTIMOS BALLENEROS VIKINGOS



     Las islas Lofoten, en la zona más septentrional de Noruega, siempre han sido un mundo aparte, un archpiélago de islotes abruptos y escarpados con forma de península que se adentra en el mar de Noruega por encima del círculo polar Ártico.
     A finales de la década de 1950 había más de 200 balleneros que faenaban en las aguas costeras del norte de Noruega, ahora en estda temporada sólo salen unos 20. Esto no es debido a la falta de ballenas, ni tampoco a complicados aspectos políticos, sino a que los jóvenes noruegos ya no quieren ser balleneros. Tampoco quieren hacer frente a los mares invernales y a sus tempestades para pescar bacalao, como han hecho sus antepasados durente siglos. En vez de eso, aspiran a tener un trabajo más seguro y con un sueldo fijo en otras ciudades  o a trabajar en la industria petrolera, así que abandonan en masa las comunidades de las islas que antiguamente se dedicaban a la pesca, que por cierto, eran unas comunidades muy cerradas.
     Este cambio de tendencia resulta irónico. Durante la mayor parte de su historia, las Lofoten fueron un imán para los jóvenes con ambiciones.
     Durante unos meses al año, millones de bacalaos del Atlántico migran al sur desde el mar de Barents para poner los huevos entre los arrecifes y bajíos de las Lofoten. Hace más de mil años que los pescadores acuden a esta zona para aprovechar la abundancia de peces. Además de contar con uno de los caladeros más ricos del mundo, estas islas tienen un clima casi perfecto para secar el bacalao al aire libre y conservarlo. Esta cecina de bacalao, nutritiva y duradera, alimentaba a los vikingos en sus travesías, y en la Edad Media se convirtió en el artículo de exportación más lucrativo de Noruega.

Pedro.
Fuente: "National Geographic".