dimarts, 4 d’octubre de 2016

Necesitamos Gucosa

Nuestro cuerpo obtiene la energía principalmente de la glucosa en la que se transforman los  alimentos. Cuando no se le proporciona, tiene dos vías alternativas para conseguirla: el glucògeno, que se almacena sobre todo en los músculos y el hígado, y que se acaba pronto, y las grasas del tejido adiposo, que suponen una reserva màs grande. Se se pasan màs de cuadtro horas sin comer, el cuerpo comienza a quemar la grasa y entra en cetosis ( genera ácido cetoacètico para quemarla, y parte de èl se degrada en acetona). Este estado se reconaoce porque produce mucha sed y un fuerte olor dulce (a manzana) en el aliento y la orina.  Si no se ingieren hidratos (ricos en azúcar), el proceso se mantiene. Es precisamente en este principio en el que se basan las dietas proteicas. ¿El problema? Que precisamos un mìnimo de glucosa, porque si no el cerebro cerrará la entrada a los aminoácidos en favor de los glúcidos (la vía más rápida de azúcar )y, si no recibe aminoácidos tan esenciales como el triptófano, (cacao, leche, platano etc.) no se podrá formar serotonina, uno de los principales neurotransmisores cerebrales: la irritabilidad, la angustia e incluso la depresion aparecerán.

UNA PUESTA A PUNTO
Eso es lo que, según sus defensores, consigue el ayuno. " A lo largo del proceso, el organismo reajusta sus funciones, incrementando su activitat excretora (liberacion de toxinas u grasas viscerales) y de autolisis ( eliminación de células dañadas o innecesarias). ¿El resultado? Más limpieza y purificación y en consecuencia, mejor rendimiento físico e intelectual, nocturno, sensación de ligereza y limpieza, así como piel más suave y tersa", explican en el centro Mi Ayuno (miayuno.es).