dimecres, 15 de juny de 2016

RAICES Y ALAS de VERÓNICA FABRA GODÓ

La verdad que es un poco calamidad, de la emoción casi asusta al bebé y lo hace llorar. Y al pensar en el recién nacido, me volvierón los recuerdos de esa mañana en el hotel y el semblante impertérrito del Sr. Gómez diciendome que me marchara. Se me agrió todo el cuerpo al remomerarlo y con esa cara de tristeza y la mirada apagada entré en el establecimiento.
_¿Qué te pasa Nadia? ¿Dónde está tu sonrisa?_ preguntó Mario nada más verme_No te habrás cruzado otra vez con el energúmeno de ayer noche, ¿verdad?_
_¿Con Fermín? No, no.No es eso. Es el hotel..._pero no me dejó terminar porque me interrumpió.
_Tienes a tu chico esperándote en la mewsa del rincón. Anda ve hacia allí que te llevo una coca-cola. ¿A ver
Mirame. Coure, sonrie por el amor de Dios. Seguro que no es para tanto lo que sea que haya pasado_
_¿ Ya está aquí Santiago? Jolín, se ha adelantado, ¿no?_ dije nerviosa y Mario afirmó con la cabeza y se marchó para no darme pie a prolongar más la espera.
Cogí aire y ensayé una sonrisa en el espejo de detras de la barra antes de ir a su encuentro, no quería acercarme con cara de preocupación.
Lo encontré leyendo el periodico y tomandose una cerveza. Parecía relajado y eso me sorprendió.Por su nota y los comentarios de Mario, esperaba encontrarme un Santiago nervioso y desprovisto de seguroidad en si mismo. Me vio llegar y sin saludar siquiera, me dijo en un tono de preocupación.
_Nadia, tienes que tener cuidado_
_¿perdona?_ dije confundida . Me esperaba un saludo de bienvenida
Nati